En Rucandio
no se leía mucho pero
si que se veía a veces algún diario.
El señor Fabián,mi vecino,
muy aficionado a la política
y a pelearse con todos en la taberna
por discrepancias con la mayoría
si que lo leía todos los días.
Sí aparecía uno como anuncio
lo recordaba y me lo ponía con agua
en la muñeca.
Duraba,lo que duraba,
un ratito.
Una vez en la fiesta de un pueblo
me encapriché de uno de juguete.
Mi madre no me lo quiso comprar.
Decía que era dinero tirado.
Tanto lloraba que la vendedora
quiso regalarmelo.
Mi madre no lo permitió.
Dorita.
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