A toro pasado,
es difícil de entender la alegría
que la tía Concha irradiaba.
Recuerdo un año que llegó desconcertada
y nos contó la siguiente historia.
Estando en el dispensario
con Adela...la Pepa hija de D.Antonio
Giménez Rico ya se había salido.
Y mucho que lo sintió mi tía
porque era una excelente partera
y ella se quedó solo en este trabajo.
Estando en el dispensario
llegó una madre con su hija enferma.
Sus síntomas no era conocidos
por las misioneras.
Hicieron lo que pudieron.
A los pocos días...lo mismo.
Con ciertas sospechas hicieron venir
a un Padre Blanco.
El dispensario al lado del lago Kivu.
Con crucifijo en mano habló
en los siguientes términos:
"Quién quiera que seas abandonada
este cuerpo y lánzate al lago".
El forcejeo escalofriante.
Al final ,una especie de polvo oscuro
haciendo una parábola
penetró en el agua no sin antes
conseguir lanzar una gran piedra
que impactó directamente
en la frente del misionero
que cayó al suelo.
No sufrió graves daños.
Dorita.
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