De pronto...
me llega a mientes lo que le pasó
a mí abuela con un árbol
muchísimo antes de que yo naciera.
Resulta que estaba casada en Rucandio
pero tenía tierras en Quintanaopio.
En otra ocasión cuento su origen.
Y les daba mucho trabajo ir a labrarlas
porque están como a unos seis kilómetros
de Rucandio.
Estando trabajando esa tierra,
mi abuelo dijo:
"Ese árbol nunca ha dado cerezas
y tengo que gastar tiempo y dinero en él
y para nada.
Si este año no da frutos ,lo talo.
Llegó el día de bendecir los campos,
San Isidro Labrador.
El sacerdote con los vecinos y el perdón
de Castilla recorre los campos
bendiciéndolos.
Mi abuela cogió una rama y se marchó
a Quintanaopio.
Se lo colocó al árbol diciéndole:
Aquí tienes la bendición,si este año
no das frutos te talaran.
Desde ese año no ha dejado ni un solo
año sin dar cerezas.
Dorita.
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