viernes, 12 de diciembre de 2025

Escrito 96

 Tampoco me puedo olvidar 

del origen de la mayoría de las tierras

que mi abuela poseía en Quintanaopio.

Resultó que estando viviendo allí 

antes de casarse y tuvo que vivir

la desagradable historia de una chica 

de su edad que perdió la cabeza 

porque la familia no le permitió 

casarse con quien ella quería.

Se iba sola al campo y se quedaba 

horas y horas ensimismada sin hacer nada.

Resultó que los familiares llegaron 

a llevarle comida con una candaja

como si de un animal se tratase.

Mi abuela de vez en cuando se acercaba

y le hablaba de forma cariñosa

y le llevaba huevos cocidos y algunos 

alimentos fácilmente transportables.

Pasó el tiempo y sus familiares emigraron

a Barcelona.

Durante mucho tiempo no supo nada 

de ella.

Hasta que un día le llamaron

para ir a recibir su herencia.

Mi abuela no salía de su asombro.

Al parecer en el lecho de muerte 

había hecho escribir que le dejaba 

las tierras a mí abuela.

Tantas veces me contó la historia 

y con toda clase de detalles que yo 

antes de que muriese porque así lo quiso

reuní a mí madre y hermanos 

para que se repartiesen estás fincas.

Los hermanos de mi madre las vendieron.

Cuando murieron mis padres 

y nos repartimos las nuestras

le dije a mi hermano que estuvieran

en mi parte.

Mi hermano quiso darme las todas.

Una hija vive en Nueva Zelanda,médico.

Otra ingeniera de caminos en Nueva York 

y la tercera haciendo Criminología 

en Madrid.

Me tomo la molestia de pagar para 

mantenerlas productivas 

aún regalando casi toda la cosecha.

Dorita.

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