Tampoco me puedo olvidar
del origen de la mayoría de las tierras
que mi abuela poseía en Quintanaopio.
Resultó que estando viviendo allí
antes de casarse y tuvo que vivir
la desagradable historia de una chica
de su edad que perdió la cabeza
porque la familia no le permitió
casarse con quien ella quería.
Se iba sola al campo y se quedaba
horas y horas ensimismada sin hacer nada.
Resultó que los familiares llegaron
a llevarle comida con una candaja
como si de un animal se tratase.
Mi abuela de vez en cuando se acercaba
y le hablaba de forma cariñosa
y le llevaba huevos cocidos y algunos
alimentos fácilmente transportables.
Pasó el tiempo y sus familiares emigraron
a Barcelona.
Durante mucho tiempo no supo nada
de ella.
Hasta que un día le llamaron
para ir a recibir su herencia.
Mi abuela no salía de su asombro.
Al parecer en el lecho de muerte
había hecho escribir que le dejaba
las tierras a mí abuela.
Tantas veces me contó la historia
y con toda clase de detalles que yo
antes de que muriese porque así lo quiso
reuní a mí madre y hermanos
para que se repartiesen estás fincas.
Los hermanos de mi madre las vendieron.
Cuando murieron mis padres
y nos repartimos las nuestras
le dije a mi hermano que estuvieran
en mi parte.
Mi hermano quiso darme las todas.
Una hija vive en Nueva Zelanda,médico.
Otra ingeniera de caminos en Nueva York
y la tercera haciendo Criminología
en Madrid.
Me tomo la molestia de pagar para
mantenerlas productivas
aún regalando casi toda la cosecha.
Dorita.
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